La Organización de Estados Americanos (OEA) envió al país una comisión de alto nivel para observar las elecciones presidenciales celebradas el pasado 20 de mayo. Esa comisión estuvo encabezada por el doctor Tabaré Vásquez, el primer presidente de izquierda electo en Uruguay luego de la dictadura militar que oprimió ese país de 1973 a 1985.
Cuando ese connotado político sudamericano fue designado en la Comisión de la OEA, muchos albergamos gran confianza en que la observación sería dinámica, imparcial y objetiva. La hoja de servicio de Tabaré Vásquez no daba espacio al pesimismo: Dirigente socialista, fundador del Frente Amplio y un presidente que se enfocó en reducir la pobreza.
Pero la observación no fue ni imparcial ni objetiva. Tremenda decepción.
El Dr. Tabaré Vásquez vino un par de veces al país, visitó a algunos políticos y se dejó guiar mucho por Roberto Rosario, el hombre del PLD en la Junta Central Electoral. En sus visitas al país, no se percató de nada anormal contra la libre elección y la soberanía del voto popular.
Al final del proceso, el inefable amigo uruguayo se sintió tan satisfecho, que hasta felicitó a la JCE por el excelente desempeño. ¡Que fiasco!
Se podría pensar que el ex presidente latinoamericano fue confundido y manipulado, lo que no sería nada extraño ni sorprendente.
Hemos visto como el PLD ha embaucado a Chávez, a Balaguer y al Fondo Monetario Internacional. Ese partido identifica sus locales con nombres de patriotas y grandes revolucionarios, pero al mismo tiempo ejecuta gobiernos neoliberales y corruptos. Ninguno de sus comités zonales lleva los nombres de Pedro Santana, Buenaventura Báez o Joaquín Balaguer, mas sin embargo gobiernan sustentados por el más grande frente conservador de la historia dominicana.
Tienen un discurso doble, según la conveniencia maquiavélica del momento.
Tabaré Vásquez fue presa fácil para Roberto Rosario.
Al distinguido observador sudamericano parece que le colocaron anti ojeras –como a los caballos- para que no se diera cuenta de todas las situaciones graves propiciadas por el oficialismo y que finalmente echaron por el suelo toda posibilidad de una competencia equitativa.
Por ejemplo, estoy seguro de que el ex presidente uruguayo se informó de algunos antecedentes trascendentes, tal como el impasse del Director de Informática, impuesto a trocha y mocha por el presidente de la JCE a pesar de la oposición del principal partido que competía frente al oficialismo.
También debió enterarse el Dr. Vásquez de que el Tribunal Superior Electoral, constituido principalmente por magistrados provenientes del frente oficialista y sus socios, sacó de la boleta electoral a varios aliados del candidato opositor bajo el argumento de que dichos partidos estaban divididos.
Con esos objetivos, desde el gobierno pre fabricaron supuestas divisiones comprando uno que otro tránsfuga. De esa manera sacaron del juego al Partido Revolucionario Independiente (PRI) y al Partido Nacional de Veteranos y Civiles (PNVC), entre otros.
Mientras tanto, los aliados del gobierno fueron tratados con benevolencia, a pesar de que algunos de ellos sí que tenían reales problemas de división. Verbigracia: el partidito del ex general Zorrilla Ozuna.
El jefe de los enviados de la OEA no le dio importancia a estos antecedentes ominosos.
Tampoco, el ex presidente socialista registró en su “Informe Final” el uso abusivo y desbordante de los recursos públicos a favor del candidato gobiernista. Las atenciones y el trato exquisito que le dispensaron los funcionarios parece que le obnubiló el entendimiento al político uruguayo.
El caso fue que el Dr. Vásquez ni por asomo se refirió a que casi toda la estructura del gobierno se movilizaba hacia las provincias en días laborables encabezados por el Presidente de la República en campaña o detrás de la Primera Dama y hasta del propio candidato Medina, con toda la parafernalia del Estado.
Los del PLD usaron cientos de vehículos del Estado, incluyendo transportes militares, helicópteros, camiones y yeepetas; todos abastecidos con combustible de las instituciones públicas. Andaban con guardias, policías y miles de empleados. Las tarjetas de crédito que pagan los contribuyentes, las raciones de alimentos de los comedores económicos y los furgones de electrodomésticos adquiridos en la zona “libre” de Panamá, hicieron presencia abrumadora y mordaz en la miseria de los barrios y campos marginados.
Todos los funcionarios públicos se dedicaron a hacer campaña proselitista sin tomar licencia de sus cargos, a la vez que aprovechaban las cuentas bancarias de sus instituciones para moverse con maletines repletos de efectivo destinados a trastornar la voluntad de los desposeídos.
La JCE no prohibió nada de esto, tal como se acostumbra en cada proceso. Tampoco impidió que el gobierno copara más de un 80 por ciento del espacio televisivo y radial durante los últimos días de la campaña electoral, sino que se hizo de la vista gorda, porque todo era parte de un plan encaminado a colocar a la oposición en franca desventaja.
En los días previos al torneo electoral y el mismo 20 de mayo, el dinero circuló profuso. Compraron y “empeñaron” cédulas de identidad con tremendo desparpajo. Miles y Miles de cédulas. A papeletaso limpio forzaron una abstención importante de gente proclive al candidato Hipólito Mejía.
Como todo fue público, la Comisión de la OEA quiso minimizar. Determinó alegremente que “todos los partidos compraron cédulas”. ¡Qué barbarazos!
Definitivamente el jefe de los observadores de la OEA no actuó con la seriedad y la responsabilidad que esperábamos los dominicanos. Quizás hubo algún nivel de engaño; pero también de complicidad. Ese señor fue negligente y jugó con el destino de nuestro pueblo.
Para todos los que deseamos y necesitamos un cambio en la administración del Estado; para todos los que rechazamos la actual situación de dictadura constitucional y las pretensiones de partido único; para los que repudiamos la corrupción rampante, la doble moral y toda la secuela negativa del peledeismo gobernante, el doctor Tabaré Vásquez se parcializó a favor del oficialismo, por lo que se merece una declaración popular de PERSONA NON GRATA en suelo dominicano.










